lunes, 26 de mayo de 2008

SITUACIÓN EDUCATIVA ACTUAL DE LA INFANCIA DE 0 A 6 AÑOS

Anotaciones para un debate

Merece la pena alertar urgentemente sobre el desastre que se podría producirse con la entrada en vigor y aplicación de la LOCE para la Educación Infantil de este país.

Al optar la derecha por un modelo, que no podemos catalogar de educativo para estas edades, rompe los avances que se habían producido en este terreno de la mano de los sectores más progresistas y en especial de los socialistas.

La Ley de Calidad, nivel, de la Educación, es un ataque frontal a la Cualidad, característica, de la Educación en todos sus niveles, pero particularmente a la Educación Infantil, rompiendo el modelo conquistado para la etapa de cero seis años. Se ha elevado así a rango de la ley, la política de recorte de inversiones en la escuela pública y desviación de recursos a la escuela privada, características de las Administraciones Públicas gestionadas por el P.P., ahondando así una clara diferenciación de clases en detrimento del as más desfavorecidas.

Los niños menores de seis años son quienes sufrirán en primer lugar las consecuencias de la Ley, sencillamente porque se les margina, se conculcan sus derechos fundamentales, impidiéndoles el que tienen a una educación de calidad. A los de tres a seis años se les ofrece una deficiente educación y, a los de cero a tres se les segrega directamente del Sistema Educativo.

Con esta política de educación se ataca también gravemente a las familias, porque no dispondrán de centros públicos adecuados para que los niños puedan educarse convenientemente, y si tienen interés por la educación de sus hijos no les quedará otro remedio que llevarles a un centro privado en el que la educación estará mediatizada social, económica e ideológicamente. Todo ello, además, en el supuesto de que la situación económica familiar les permita el acceso a tales centros.

Frente a este panorama, los socialistas ha de defender el modelo propio de Educación Infantil: la Educación Infantil pública de carácter universal, compensadora de desigualdades, en el que el niño sea el centro y el sujeto a tener en cuenta primordialmente, respetando sus derechos, que los tiene desde su nacimiento, y no tres o seis años después de nacer.

Al niño no se le puede contemplar como una carga de la familia sino como un ser humano con sus necesidades e intereses y, éstos no son subsidiarios de los de la madre o de los del padre porque, cuando se tiene esa concepción, no se piensa en el niño sino, en el mejor de los casos, en las dificultades de la familia. De ahí a la creación de una “guardería” de cualquier manera y en cualquier sitio, sin ningún control y sin ninguna calidad, no hay más que un paso. Ahí muere la Escuela Infantil como institución educativa de calidad para los niños de cero a seis años.

Hemos de preservar el derecho a la educación en la infancia, desde el nacimiento, garantizando unos mínimos de calidad, al menos como los que la LOGSE contemplaba, porque, a pesar de sus imperfecciones, representó un paso importantísimo en la regulación de un sector históricamente abandonado y sin normativa alguna.

Como la LOGSE, empezó a crearse un tejido de respeto y consideración hacia la infancia. Se reconocía la Educación Infantil, de cero a seis años, como primer nivel del Sistema Educativo. Se establecían requisitos mínimos de obligado cumplimiento para los centros dedicados a la educación en esta etapa, regulando aspectos referidos a espacios, materiales, grupos, ratios, formación de los profesionales, etc.

Ahora, ese tejido queda totalmente destruido porque se desmembra definitivamente el primer ciclo, el de cero-tres años, del resto del Sistema Educativo, convirtiendo a los niños de estas edades en ciudadanos de segunda clase. Las Administraciones Públicas abandonan su compromiso regulador y, como consecuencia, nacerán nuevamente centros como los del pasado, sin las condiciones adecuadas ni la idoneidad necesaria, son profesionales debidamente titulados. Y así no se puede ofrecer ni recibir una educación de calidad.

Lo que plantea el Partido Popular con la LOCE supone un retroceso secular para los niños de cero seis años, y en especial para los de cero a tres. Si después de conocer la Ley observamos el Proyecto del Real Decreto por el que se establecen los aspectos educativos básicos de la Educación Preescolar y, el Proyecto del Real Decreto por el que se establecen las enseñanzas comunes de la Educación Infantil, nos daremos cuenta que estamos frente a un modelo absolutamente retrógrado e involucionista, que carece de rigor científico, que plantea como escuela una institución asistencial, utilitarista y finalista, que nos trasmite una idea de niño pasivo e incapaz, sin que se haga referencia a su desarrollo emocional y afectivo, a su creatividad, a sus necesidades, intereses y deseos… Además de la separación definitiva del primer ciclo (cero-tres), dejándolo en un triste marco asistencial y fuera de la escuela, coloca al segundo (tres-seis) en una paupérrima etapa propedéutica y subsidiaria de la primaria, centrándose únicamente en la mera instrucción y transmisión de conocimientos, desatendiendo la globalidad del niño y su ritmo individual de aprendizaje. La titulación de los profesionales que se encargarán de estos niños no es necesaria, a tenor de lo expuesto. La participación de los padres en la escuela desaparece, se convierte en una entelequia y, la responsabilidad de la Administración educativa, en cuanto a seguimiento e inspección de estas instituciones, se abandona.

Los socialistas, que e ya apostamos por la Educación Infantil, hemos de revitalizar nuevamente un discurso político y pedagógico coherente con nuestros principios, comprometido con los derechos fundamentales de los niños, con sus necesidades e intereses y los de sus familias, recogiendo, además el clamor de la calle, de un gran número de ciudadanos y profesionales, que tienen puestas sus esperanzas en nosotros, ante la catástrofe provocada por el Partido Popular con la aplicación de la LOCE.

Nuestra credibilidad como partido político, por lo que a la atención a la infancia se refiere, está en juego. Se espera nuestro compromiso y nuestras propuestas para la defensa de un modelo educativo que siga contemplando la etapa de cero a seis años como la primera del Sistema Educativo, sin divisiones, con el mismo nivel de importancia para los niños del primer años de vida que para los del sexto.

Hemos de ser conscientes de que no vale ya el anuncio de políticas más o menos ocurrentes y de titular periodístico para paliar de cualquier modo este despropósito perpetrado contra la infancia, y mucho menos medidas que parecen de discriminación positiva para las familias trabajadoras cuando son todo lo contrario, como sería el caso de la vuelta a la creación de “guarderías” de empresas, modelo fracasado hace más de un siglo, subyugador de los niños y de sus familias y, en especial de las madres, que se aparta del Sistema Educativo, que no está pensado para el niño, que le desarraiga de su lugar de origen, le somete a los avatares laborales (turnos, vacaciones, horarios, salarios…) de quien trabaja en empresa.

Por todo ello, debemos recuperar el pulso político que los profesionales de este sector y las voces de la calle más concienciadas nos exigen, incorporarlo a nuestros programas sin contradicciones, con un intenso y pedagógico discurso político de fondo y de forma, que no nos haga caer, por desinformación o por inadecuado asesoramiento, en la trampa de propuestas de brocha gorda, para salir del paso, defraudando a un buen número de ciudadanos, los niños de cero a seis años, tan de primera clase como el resto, aunque siempre se hayan visto sometidos a viajar en el furgón de cola de la educación, para perjuicio propio, el de sus familias y, por qué no, de todo el país.

Para los socialistas debe ser un asunto prioritario, asumir desde la responsabilidad, políticas de infancia de calidad, que las diferencien de las de la derecha. Es cierto que tales políticas requieren de recursos siempre escasos, pero también es cierto que no debe ser eso lo que nos haga abandonar siempre este tramo de la educación para un mejor momento. Significaría que, también para nosotros, tiene una consideración menor que el resto de las etapas del Sistema Educativo, cuando es exactamente todo lo contrario, y a la que deberían dedicarse los mejores profesionales y los mayores esfuerzos, toda vez que, es en el curso de estas edades cuando se producen el mayor número de cambios y los más significativos de la vida del individuo, como está científica y socialmente suficientemente probado.

CAMBIOS SOCIALES QUE ES NECESARIO CONSIDERAR

En la ultima década, se han producidos cambios en la vida social y familiar que es preciso contemplar hoy para comprender cómo las propuestas políticas del P.P. dan una solución de sociedad de mercado a las acuciantes necesidades que tienen las familias hoy, y que los socialistas debemos atender en clave de garantizar el derecho a la educación de todos y cada uno de los niños y niñas.

Precisamente, algunos avances sociales resultado de las políticas del gobierno socialista, como mejor y más igualitaria formación entre hombres y mujeres, más conciencia de igualdad, de corresponsabilidad entre hombres y mujeres, esta planteando hoy y unos servicios sociales deficientes, sobre un mercado de trabajo y una sociedad en general, donde pesan las políticas neoliberales del gobierno del P.P. Esta doble realidad está comportando un desajuste real en la vida familiar muy especialmente en las familias con criaturas de 0 a 6 años.

Las posibilidades de igualdad de oportunidades entre hombre y mujeres, chocan con la precariedad en el empleo muy generalizada, con unos horarios laborales excesivamente extensos, con unos recortes en la práctica de todas las conquistas sociales que permitían una mayor compatibilidad entre la vida familiar y laboral, tales como los permisos parentales y una creciente oferta de escuelas infantiles.

Hoy se corre el riesgo de aplicar la máxima “a grandes males, grandes remedios”. Si los horarios de trabajo son irracionales y excesivos y esto dificulta el cuidado de los hijos, se proponen servicios y guarderías que estén abiertos de sol a sol o que estén ubicados en lugares de trabajo así la irracionalidad del mundo del trabajo no solo se mantiene sino que aumenta, cuando uno pierde su trabajo su hijo pierde el servicio que este le proporcionaba, sin duda una cadena de despropósitos y de discriminaciones negativas, que las sufren todos incluidos los niños.

Armonizar o conciliar la vida familiar y laboral es sin ninguna duda un reto importante para la política socialista en los próximos años, una política que contenga propuestas muy diversas, imprescindibles para abordar con seriedad y equidad una realidad tan compleja como la actual que necesariamente, afectará al mundo laboral, al social, al educativo, al económico, al mediático… un gran pacto para una política rigurosa para el progreso de la sociedad en su conjunto, hecha de la suma de múltiples responsabilidades y acciones positivas.

Si duda en este contexto de acción, la realidad escolar en su conjunto no podrá estar al margen tanto desde su estructura, como en sus contenidos, como en sus horarios y calendario. Serán necesarios cambios, unos cambios en los que tendrán tanta importancia la capacidad de comprensión, como los recursos materiales y humanos para afrontarlos.

PROPUESTAS PARA Y DESDE LA EDUCACIÓN INFANTIL

La Educación Infantil, es un elemento clave para este gran reto socialista que es contribuir a recuperar la armonía entre la vida familiar y laboral, codo se ha podido comprobar con las políticas desarrolladas en los países más avanzados de Europa en temas de conciliación y con más alta tasa de natalidad.

Para ello, consideramos necesario profundizar en cinco ámbitos:
1. Recuperar la educación infantil de 0 a 6 años como el primer nivel del sistema educativo. Reconociendo el derecho de todas las niñas y los niños a la educación. Una educación en función de lo que son, una educación que no les robe la infancia, con sus características, sus necesidades, sus intereses, con su extraordinario potencial si es respetada y valorada en su presente.

2. Recuperar la dignidad de los profesionales, tanto facilitando su formación inicial y permanente acorde con la importancia y la valoración de la infancia en estas primeras edades igual a la de otros niveles del sistema educativo, como promoviendo una situación laboral y salarial acorde con el valor de su trabajo.

3. Recuperar el dialogo, entre las necesidades de las criaturas, las familias, el personal de las escuelas y la administración local, para establecer los horarios y el calendario de cada escuela, en función de las necesidades de cada contexto. Un dialogo que comportará una gran diversidad de propuestas, puesto que cada realidad demanda soluciones acorde con sus propias necesidades una diversidad que necesariamente tendrá de ser acompañada de las coherencia que los intereses de todos los implicados requiere.

4. Recuperar unos presupuestos públicos, conocidos y transparentes, capaces de hacer realidad el compromiso, que sin duda habrán de seguir incrementándose año tras año puesto, que es sobradamente conocido cuanta más y mejor oferta se crea, esta genera más demanda. Hemos de considerar, no obstante que no siempre se trata de falta de ellos, sino de coordinación de los mismos, de canalización para el cumplimiento de los objetivos, ordenados y coherente, que precisa la infancia. Piénsese, para ello, en los recursos que se destinan en diversas administraciones públicas Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos…y en este marco de acción involucrar a las empresas en la parte de responsabilidad que tienen en armonizar la vida familiar y laboral.

5. Recuperar la responsabilidad pública, así pues, lo lógico es que la etapa de Educación Infantil completa, globalmente considerada, de cero a seis años, esté coordinada y financiada por las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas, como sucede en el resto de las etapas del Sistema Educativo, sin desviación de competencias ni de fondos hacia otras, sino, por el contrario, canalizar todo lo disperso en aras a un mejor cumplimiento del fin propuesto que, no debe ser otro, que el de conseguir una atención para los niños de cero a seis años de calidad, poniendo a su disposición, no “guarderías” sino auténticas Escuelas Infantiles, pensadas para ellos, integradoras y compensadoras de desigualdades, participativas y democráticas. Es decir un pilar básico educativo de la sociedad y transformador de ella.

Abril, 2003